Aire con nombre de mujer
Caminaba por el borde mismo del muelle. Abajo, el agua transparente dejaba ver un pequeño banco de pececillos, unas cuantas algas cimbreándose al vaivén de las olas y algún que otro erizo de mar inmóvil, impertérrito a mi frugal pasear. Un aire embriagador retozaba con mi cara como nunca antes lo había hecho. Movía la melena de mi pelo suelto de un lado a otro, enmarañando unos cabos con otros. Cerré los ojos para sentir sus dedos acariciar todos los poros de mi piel. Un escalofrío de placer me subió de los pies a la cabeza. Quise abrazar esa sensación para guardarla conmigo allá donde se conservan los instantes más hermosos que sentimos: en el cajón de las esencias innombrables. Creí volar. No existía un sólo átomo de mi ser que no saltara de orbital al contacto con ese aire con nombre de mujer...

