Animal contradictorio...
He pasado una mala noche. El sueño ha sido algo intranquilo. Ayer cené demasiado. No he parado de dar vueltas en la cama de un lado para otro, y lo más curioso es que sabía que esto iba a ocurrir y me terminé el plato hasta que no quedó nada sobre él...
Últimamente me ronda la cabeza un planteamiento del que no alcanzo a extraer explicación lógica alguna: ¿por qué sólo valoramos lo que podemos perder, si el sentimiento de seguridad nos debería proporcionar mayor tranquilidad, mayor bienestar? Hay una especie de satisfacción extraordinaria en el ser humano que le hace tremendamente atractivo el pelear, el luchar por las cosas. Mientras el objetivo de su disputa sobrevuela su horizonte, el deseo de alcanzarlo es cada vez mayor; pero en el mismo instante de conseguirlo, el grado de interés mengua irremediablemente, pierde el valor primero. Da la sensación de que cuanto más tiempo pasamos anhelando algo, más atractivo nos resulta. Y es que así pasa con todo, cuando nos sentimos amados algo cambia en nosotros que nos hace sentirnos más seguros de nosotros mismos, más fuertes. Las dificultades se minimizan. Todo es posible. La perspectiva de las cosas cambia: las montañas se ven más bajitas, el cielo más accesible y hasta el mar cabe en la palma de nuestras manos. Pero este hecho, que por un lado es formidable, por otro nos hace minusvalorar por lo que tanto hemos luchado y hasta nos vuelve algo egoístas sin querer serlo.
¿Seguiremos cayendo siempre en la misma piedra a pesar de saber exactamente donde está?
El Hombre siempre será un animal repleto de contradicciones por el mero hecho de tratar de controlar y entender a ese animal que lleva dentro...
Besos para todos y buenos y contradictorios días, Fer.

