Democracia deliberativa
Hola a todos! Hace tiempo que no dejo cosillas en el blog porque ando muy ocpuado, pero ayer mismo, después de leer el País Semanal, tuve la necesidad de compartir con vosotros un fragmento de una de las entrevistas que en dicho semanal le hizo a Diego Gracia. Os copio una parte de ella y después os comento lo que me ha parecido:
-Para que el método deliberativo dé frutos hace falta que la gente quiera dialogar, y no parece que eso sea fácil. Vea, si no, cómo está la política española.
Claro, porque la deliberación requiere ciertos supuestos que se dan muy difícilmente en el ámbito político, aunque es en la filosofía política donde más se ha trabajado este concepto. Habermas en Europa y Amy Gutmann en Estados Unidos plantean perfeccionar las democracias tan imperfectas que tenemos mediante la democracia deliberativa. Los oponentes dicen que eso es una utopía, porque la gente no sabe deliberar. Y en parte es cierto. Mi tesis es que a deliberar hay que aprender. Nadie nace sabiendo hacerlo y, en general, lo que a uno le pide el cuerpo no es deliberar, sino imponer su propio criterio, anular al contrario. La deliberación parte del principio de que yo doy razones, pero mis razones no son nunca absolutas y, por tanto, otros pueden tener tanta razón como yo. Y si escucho al otro, escuchando su razón puedo avanzar en mi conocimiento del tema en discusión. Cuando estamos argumentando, damos razones, pero no hay diálogo si creemos que quien expone razones opuestas a las nuestras no puede tener razón.
-¿No cree que, desde el Islam hasta la Iglesia Católica, pasando por los distintos nacionalismos, se tiende más al integrismo que a la deliberación?
Para poder deliberar, para no ser integrista, se requiere un psiquismo bastante sano. Se requiere airear el inconsciente y ser capaz de controlar la angustia que a todos nos produce el hecho de no tener la razón y de pensar que el otro puede tenerla también. Eso genera angustia, y ése es un sentimiento inconsciente que desencadena mecanismos de defensa del yo, como la negación del contrario o la agresión. Ello impide un diálogo verdadero, que consiste, en primer lugar, en escuchar al otro, y en segundo lugar, en admitir que puede tener razón y que su punto de vista me puede enriquecer. Mi tesis es que nunca se podrá llegar a la democracia deliberativa si antes no hay una sociedad deliberativa. Hemos de educar a la sociedad para que pueda deliberar. Amy Gutmann sostiene que la deliberación debería ser el método básico de educación ya desde la enseñanza primaria, en lugar de la imposición del propio punto de vista o la mera transmisión de conceptos dogmáticos...
No se si habréis tenido la ocasión de haber leido la entrevista en su totalidad, merece la pena. A mi me sorprendió muy gratamente. Creo que uno de los grandes males de la sociedad en la que vivimos es, en parte, el hecho de que no sabemos escuchar a los demás, de que cada vez los pensamientos son más homogeneos y a la vez extremos. O estás conmigo o estás contra mi. En los partidos políticos el reglamento de partido hace que sean máquinas clonadas de decir todos lo mismo. Según ellos, eso es unidad de partido, no hay crisis interna y en el fondo lo que hay, bajo mi modesta forma de ver las cosas, es borrequismo. Qué hay de malo en discrepar, en opinar de manera distinta a tu compañero. Lo importante es saber escuchar y como dice Diego Gracia deliberar, ser capaces de desterrar de nuestro subconsciente los prejuicios con los que nos enfrentamos a los que tenemos delante. Damos por segura nuestra postura, sin pararnos a pensar durante un segundo en las causas que han llevado a la otra persona a actuar o a pensar de esa manera. Os invito a leer el interesante artículo y sino a refelxionar sobre lo que os comento.
Fer.



