Los Freakys del Bolete...
Parecía que esta vez, la cordura y el saber hacer de las cabezas bien pensantes nos iba a permitir comenzar esta nueva aventura sin el Astro Rey maltratando y lastimando nuestras desvalidas cabezas sin piedad...
Y así fue. Las 18:30 de la tarde se nos antojaba mejor hora para empezar a caminar que no las 14:00 de la tarde del fin de semana anterior. Andar con la caída del sol siempre debería parecer la mejor opción... o al menos, la más racional y sensata, je!! Algún día aprenderemos ¿no?
Así es que bueno compañeros, dispuestos todos los que éramos y parte los que finalmente fuimos a dejarnos llevar por la esencia del camino, pusimos en rumbo nuestros navíos de sueños, y con ayuda de los sextantes y de las estrellas del inmenso y ancho cielo, atravesamos el océano de tierra, polvo y vida sedienta de agua del campo de Cartagena en dirección a la Azohía, playa de bucaneros, filibusteros y salvajes piratas... Allí fondeamos y dimos comienzo a esta pequeña locura que ahora les relato en los hermosos mares del sur. El juego ya había dado comienzo. Nadie sabía que mágicos momentos se sucederían en las horas siguientes, pero el aire olía a muertos vivientes, a cuevas repletas de tesoros maravillosos y a dulces cantos de sirena.
En tierra firme, los Freakys del Bolete planearon la emboscada del objetivo por varios frentes: una avanzadilla comandada por el "Presi Vitalicio" de los Freakys y apoyada por Ire, accedería al cuartelillo abandonado de la Guardia Civil cruzando los caminos a lomos del carro acorazado, asegurando la integridad del trayecto. Otro destacamento compuesto por el maestro Antoñete, Elena, Cari y el que escribe estas líneas, trataría de sorprender al enemigo corriendo como gacelas por aquellas sendas dibujadas de montañas y de mares. Junto a ellos y cubriendo la retaguardia, el "Gran Bucanero" (Fer 2) y la "Saludora del Sol" (Isica) recorrerían el trayecto a buen paso dejando miguitas de pan para encontrar el camino de regreso a casa. Mientras tanto, nuestro "Filibustero Mayor" (Iván) rodearía el objetivo fijado accediendo en piragua a la Cala del Bolete Grande poniendo en un brete al batallón de corredores que desconocía de su llegada. Antes de asentarnos en aquel misterioso pero interesante lugar, decidimos explorar sus alrededores con el fin de asegurar la ausencia de peligros... En un abrir y cerrar de ojos, el agua oscura de la noche bañaba nuestros cuerpos. El Bolete Chico abría sus brazos para regalarnos un instante inolvidable de placer. El faro de cabo Tiñoso nos saludaba a lo lejos reflejando su haz de luz en la superficie plateada del mar. La fría agua nos animaba el espíritu, y las estrellas consiguieron que subiéramos directos al cielo... al salir, descubrimos una pequeña cueva escondida en la que nos aventuramos a entrar. Dicen los escritos que allí se guardaban tesoros imposibles... nosotros encontramos uno de ellos: la grandeza de la oscuridad del silencio cuando es mecido por las olas del mar...
Tras cerciorarnos de que todo estaba en orden, y como colofón de la operación Bolete, Pablo y su tropa llegaron en la oscuridad de la noche para evitar ser vistos, y con la misión de terminar, como fuera, con el chocolate ruso caducado de Antoñete... No había rastro de maleantes, sólo uno, el más grande entre los grandes, el espíritu del Maki... pero eso es una larga historia que algún día contaremos.
Así es que con el frente despejado dimos rienda suelta a nuestra gula y degustamos con devoción los manjares que portábamos. Descubrimos que los bucaneros cocinan de maravilla el cús-cús y que no hay que fiarse ni tan siquiera de Antoñete, que trató de colarnos chocolates y brebajes extraños como si fueran refinados cacaos y deliciosos licores de otras tierras. "Pa habernos matao!!"
La noche se plagó de estrellas en aquel balcón del mar. Incontables puntos cubrieron la bóveda celeste. Como buenos marinos que éramos, nos dejamos llevar embobados por sus leyendas y sus cuentos. La Luna tardó en aparecer, pero terminó por hacerlo allá en el horizonte lejano. El rumor de las olas y la sosegante tranquilidad que nos transmitía el Mediterraneo, poco a poco nos fue doblando las piernas y como almas aletargadas fuimos cayendo en círculo alrededor del fuego hipnotizador de las velas de nuestro maestro de ceremonias. El dulce susurro de las cuerdas de su guitarra, y el cálido timbre de su voz nos hizo enloquecer como canto de sirena. La magia estaba en el aire, cada uno soñando en su historia, en sus sentidos, en sus ilusiones. El himno de los Freakys se entonó con orgullo en más de una ocasión y nos recordó que hay que empollárselo de nuevo... pero sonó fenomenal.
Morfeo fue tocando los ojos de los allí reunidos. Casi todos cayeron en sus redes. Sólo unos pocos se sobrepusieron a su encandilador ofrecimiento y velaron la magia del momento. Volaron entre nubes de sal y de Lunas y recibieron con los ojos repletos de sueños al más hermoso amanecer.
Despuntó el Sol y con él, los corazones volvieron a latir con fuerza. La sangre retomó su ritmo trepidante. Todos en pie, unos dando la bienvenida al Sol, otros recreando la mirada en el paisaje. Hicimos las fotos de rigor y echamos a andar de camino al Bolete Grande... La luz inundaba cada paso que dábamos. La comunión del agua con la tierra parecía un misterio inexplicable. Los azules turquesa del agua, la espuma, la sal... El baño en la cala era obligado. Nos zambullimos en aquellas aguas cristalinas mientras en el aire sonaban flautas de bucaneros. Las sonrisas en los ojos nos dejaron cargados de energía para el resto del día, que por cierto ya iba tocando a su fin.
De vuelta, los recuerdos se agolpaban en nuestras cabezas. Comimos, bebimos como si no lo hubiéramos hecho en siglos y con una pequeña parada en la fonda de un amigo del Bucanero Mayor, levamos anclas y los que pudieron, llegaron vivos a casa... y los que no, se dejaron seducir por el sueño más reparador de este mundo.
Fue bonito lo que vivimos, ¿verdad? Me sigue encantando poder compartir con vosotros estas pequeñas pero inmensas historias... No olvidéis que: "El que va al Bolete..."
Un abrazo a todos, Fer.
P.D. No dejéis de leer lo que nos ha regalado el GRAN ANTOÑETE, un placer para los sentidos... UN ESPÍA QUE HABITA EN LA CASA DEL BOLETE.





