Los habladores machiguengas
Allí estaba, de pie, junto al fuego, como una sombra chinesca moviéndose al son de sus palabras, de un lado para otro. Su figura se dibujaba y desdibujaba ante las atentas miradas de niños, jóvenes y ancianos que le escuchaban boquiabiertos cuanto aquel hablador tenía que contarles...
Los habladores machiguengas que Vargas Llosa nos acerca en su novela homónima ("El hablador"), son como aquellos trovadores trashumantes llenos del romanticismo más entrañable que en otro tiempo, recorrían los caminos y veredas contando sus historias, entreteniendo y a la vez transmitiendo la sabiduría popular para evitar que ésta, quedara perdida en la lejanía del olvido. Los habladores machiguengas caminaban también de poblado en poblado. Atravesaban la selva día tras noche, y al llegar a su destino, tan sólo tenían que deja escapar al viento, sus cuentos y leyendas ante los hambrientos ojos de quienes quisieran escuhcarlos alrededor de la magia que envuelve al fuego, en las noches oscuras de la Amazonía.
Los machiguengas, son uno de los tantos pueblos indígenas que han habitado y aun hoy tratan de hacerlo aunque a malas penas, la Amazonía peruana. Como el resto de pueblos indígenas del mundo, aprendieron, a lo largo de siglos de historia, a convivir con el medio que les rodeaba. Supieron respetar los caprichos de la Madre Naturaleza y recibir con devoción cuanto ésta les ofrecía. Forjaron su propia cultura, su forma de vida y su propia filosofía vital acorde con su entorno y la tradición ancestral de su historia. Crearon sus mitos, inventaron sus dioses y sus cuentos que permanecieron vivos gracias a la labor de los habladores. Vivieron el momento y el tiempo que les tocó vivir con toda la sabiduría de la que fueron herederos...
Con la llegada de los conquistadores a América y las misiones religiosas, una nueva cultura más poderosa trató de imponerse, queriendo convencer a quienes no tenían la menor intención de ser convencidos, de que "la verdad" era otra... Luego, el caucho, la quinina y los recursos naturales de la selva hicieron el resto.
¿Por qué el ser humano se empeña en imponer su verdad? Lo hemos hecho a lo largo y ancho de toda la historia de la Humanidad y es algo que me resulta incomprensible. ¿Quien nos dice que la sociedad que hemos creado es mejor que la de otras civilizaciones que nos han precedido o que aun hoy desconocemos? Nos hemos expandido más y hemos deglutido al resto, eso sí, pero ¿esto indica que seamos, en la actualidad, más felices? Creemos que lo nuestro es lo mejor sin conocer siquiera cuanto de sabiduría guardan otras maneras de vivir. Nos preocupamos por la destrucción de la selva Amazónica porque vemos como estamos aniquilando, a marchas forzadas, una fuente de oxígeno increíble para el resto del planeta, porque empezamos a ver los efectos del cambio climático, porque, en definitiva, nos vemos afectados directa o indirectamente, pero casi siempre nos olvidamos que, junto con la biodiversidad vegetal y animal que desaparece, también lo hacen pueblos enteros, y con ellos, su sabiduría.
Os recomiendo el libro del escritor peruano como antídoto ante la homogeneidad de pensamiento... y me gustaría solidarizarme a través de este blog de todos, con el precioso gremio de los "habladores machiguengas".
...creo que mi abuela Conchi, era un poco machiguenga.
Un beso a todos y otro para ella, que seguro anda de un lado para otro contando sus deliciosas historias a todo el mundo.
Con cariño, Fer.







