¿Qué hay bajo la piel?
¿Qué hay bajo la piel? ¿Qué se esconde detrás de ese manto que nos envuelve y nos abraza desde el amanecer hasta el ocaso? ¿Qué extraña sustancia compone cada poro de nuestra epidermis para hacernos estremecer con el simple roce con otra piel desnuda...?
Pasamos media vida analizando nuestra existencia, el cómo y el porqué de las cosas. Tratamos de diseccionar cada uno de nuestros actos, cada una de nuestras emociones y sentimientos, y a menudo, de repente, nos damos cuenta de que hay situaciones que inexplicablemente se escapan a nuestro entendimiento... somos incapaces de usar nuestros recursos lógicos para sacar una conclusión que nos convenza, que nos tranquilice. Entonces, ocurre que algo extraño sucede, algo desconocido rompe nuestros esquemas, nos ruborizamos y cada poro de nuestra piel se eriza al unísono en un mar enloquecido de escalofríos; nos retorcernos en simas abisales de placer, y los ojillos se nos ríen a carcajada limpia, y nos palpita el pecho henchido de felicidad, y se contraen todos los músculos del cuerpo, y queremos romper a chillar, y... finalmente pasamos a un estado de ingravidez permanente, al bienllamado "estado ingrávido". En esos momentos nos olvidamos de nuestro afán rastreador, nos desprendemos del investigador vital que todos llevamos dentro y nos dejamos llevar por el viento, por las ráfagas de aromas que nos envuelven en un torbellino de sabores y colores, y fluimos... simplemente fluimos. El tiempo se detiene, deja de importar el cómo y el porqué, para sólo existir el ahora, el instante, el segundo eterno, infinito. Desaparece el miedo, nos hacemos más fuertes en cada abrazo, en cada beso, crecemos por dentro en cada leve roce de nuestras pieles, en cada susurro de nuestro envoltorio de terciopelo... Y todo, absolutamente todo queda ahí, debajo de ella, bajo nuestra piel de cera...

