Noches de Queimada y espíritus
La noche anterior fue emocionante, el concierto de Macaco nos hizo descargar con desenfrenadas ganas litros y litros de adrenalina... Bien entrada la madrugada volvíamos de camino a casa pensando en la excursión que teníamos preparada para ese fin de semana: de la playa de El Portús a Cala Aguilar. Le daba vueltas y más vueltas. La ruta la conocía bien, no era la primera vez que la hacía y por eso mismo tenía miedo de empezar a andar a una hora en que el sol estuviera todavía demasiado incisivo sobre nuestras aventureras e inconscientes cabezas. La madrugada se nos echó encima, ya era seguro que no podríamos salir antes de las 12:00 del medio día. No pasa nada, será cuestión de gestionar bien el agua y las paradas, y sin prisa, ir avanzando en el espectacular sendero por el que transcurre el camino. Sabía que el sol nos maltrataría sin piedad, pero proseguimos según el plan establecido.
El equipo inicial: Irenilla, Marta la "Geo", Martita y el que escribe, cargamos el coche con los mochilones dispuestos más que para hacer noche en la Cala Aguilar, para sobrevivir sin problemas un mes... Inhumano. No nos privamos de nada... pero yo temblaba sólo de pensar en lo que nos esperaba por delante: calor, peso en las espaldas y un camino no excesivamente definido. Pero bueno, la hermosa playa de El Portús nos dio la bienvenida como siempre, las niñas se dieron un bañito reparador antes de empezar a andar y pronto, estábamos poniendo un paso detrás de otro bajo el inclemente y abrasador sestero de las 14:00 de la tarde. Con mucho humor y buen rollo, tuvimos que detener nuestra marcha al cuarto de hora para recuperar los líquidos perdidos en esos primeros minutos de excursión. No teníamos prisa, así que decidimos, por un momento, pensar con la cabeza y esperar bajo la agradable sombra de unos árboles a que el sol nos concediera una tregua. Comimos los bocatas que llevábamos, bebimos y dormimos una siesta fantástica, donde Macaco iba y venía en nuestros pensamientos, y una vez descansados tuvimos que volver a poner nuestros cuerpos en marcha. El calor empezó a decaer y la sombra que la montaña proyectaba sobre nosotros nos permitió progresar mucho mejor. Ya se veía la casa del Comandante cuando a lo lejos vimos dibujada una silueta que a mí, me era familiar. Conforme nos acercábamos a ella, su cara se fue haciendo más definida... "Hombre!!! Fer, cómo tu por aquí??" Fernando Peña volvía de haber pasado el día en la misma cala a la que nosotros nos dirigíamos. No me costó mucho convencerle para que diera media vuelva y se viniera con nosotros a pasar la noche en la playa... je!! El equipo se reproducía por momentos. Un vez en el collado el trabajo fuerte estaba hecho, sólo quedaba dejarse caer por la ladera oeste para llegar a Cala Aguilar. Dejamos las mochilas y Irenilla, Fer 2 (Fernando Peña) y yo, nos acercamos a cumplir con la tradición de subir a la casa del Comandante desde la que uno se hace insignificante al contemplar la inmensidad del mar que se abre antes sus ojos. El sol caía por detrás de las montañas dejando pasar haces de luz que maquillaban de mil colores el cielo azul. Nos hicimos las fotos de rigor, recreamos la vista y pusimos rumbo a nuestro objetivo playero.
Llegamos a cala Aguilar a eso de las 19:30. La gente del club GAVVA que había ido en Zodiac ya estaba allí desde hacía rato. Todos nos recibieron con los brazos abiertos. Buscamos el sitio para dejar las cosas y nos pegamos el baño merecido después de la pateada. El agua fría y transparente nos devolvió el color a nuestras sonrosadas mejillas. La gente del club ya había recogido leña y ramas para encender la hoguera que presidiría toda la noche que estaba por llegar... Parrillas de carne, pan, vino, y buenos alimentos aderezados con grandes dosis de humor y buen rollo nos llevaron al momento cumbre de la noche... LA GRAN QUEIMADA!! El fuego, la noche, la luna, el aguardiente, ... los malos espíritus y los buenos, revoloteaban y danzaban sobre las cabezas de los allí presentes. Nos envolvieron en sus brazos de aire creando una noche llena de encanto. Las palabras graves y serenas pronunciadas con solemnidad por Damián mientras leía el "conxuro de a queimada" al son del vaivén de las llamas que brotaban del brebaje alcohólico, nos hicieron brillar los ojos en el mar de sensaciones de aquella noche. El fuego fluía de la cuchara al cazo, chisporroteando en la oscuridad... Fue un momento mágico donde los haya. Con el aguardiente abrasando nuestras gargantas las historias de espíritus y meigas se sucedieron. La Luna cada vez estaba más alta, el sueño se iba apoderando de nuestras mentes. En medio de una playa, sin más material que un cielo precioso, un mar sereno y arrullador, una luna llena encantadora, y un saco, la noche vino a nuestro encuentro... La luz de la Luna no había manera de apagarla, así que los fotosintéticos incapaces de dormir con luz, tardaron en conciliar el sueño.
El amanecer se despertó con la música del mar. Una luz muy especial lo bañaba todo. Todos dormían a pierna suelta. Me levanté y sin pensarlo dos veces me metí en el mar... qué momento tan maravilloso. Solos el mar y yo, abrazados en una comunión perfecta. Sólo encuentro una palabra para describir lo que sentí: Placer.
Todos los ojos de la playa se fueron abriendo de a poco, cuando a lo lejos vimos las siluetas dibujadas en el horizonte del equipo de Manolo, que venía desde la Azhoía. A esas horas de la mañana el Sol le ofreció un espectáculo de color precioso, de esos que sólo se ven cuando el resto del mundo duerme. Nos dieron los buenos días y se unieron al grupo.
Tras el desayuno, y después de disfrutar del mar, decidimos entrar en la cueva que hay en la ladera este de la cala. El calor apretaba, pero había ganas de descubrir lo que las entrañas de la tierra tenía para nosotros. Echamos la cuerda, montamos el rappel y fuimos bajando de uno en uno. El descenso se desarrolló entre los miedos a lo desconocido y la ilusión por penetrar en las profundidades de aquella caverna. Aprendimos que hay miedos que son irracionales, y por tanto hay que racionalizarlos para superarlos... Orgullosos de haber conseguido llegar abajo, alucinamos con el lago interior de la cueva. Un baño sensacional fue nuestra recompensa. El agua más cristalina que habíamos visto jamás nos pedía que nos zambulléramos en ella. Echamos las fotos que atestiguan lo que digo y decidimos regresar. Se estaba haciendo tarde y había que comer y emprender el camino de vuelta... La ascensión se desarrolló sin ningún problema. En menos tiempo de lo esperado ya estábamos todos fuera. Comimos y pusimos rumbo a la muela para regresar a los coches por una ruta diferente. En esta ocasión el equipo lo integramos: Irenilla, Cari, Fer 2 y uno mismo.
Esperamos hasta las 18:30 para no cometer el mismo error que a la ida. Con menos peso en las espaldas y con muchas cosas que contar y recordar hicimos todo el camino de vuelta. Las vistas iban cambiando a cada paso. Nuestras almas, estaban purificadas por el aguardiente de la noche, ya no éramos los mismos. Cantamos para animar la marcha y el encuentro con Antonio Paredes puso el broche de oro a un fin de semana precioso. Con él dejamos planeada la próxima nueva aventura...
Cada ruta, cada vivencia, te acerca más a la felicidad. Fue un placer volar en dirección al cielo con vosotros.
Un beso enorme, Fer.





