De viaje por las Islas Pitiusas
Tan sencillo como dejarse llevar. Tan simple como querer descubrir el mundo que se extiende ante nosotros abriendo bien los ojos para emprender el vuelo hacia cualquier lugar... Con estos requisitos la pasada Semana Santa decidimos embarcarnos mi niña y yo junto con nuestras bicis cargadas hasta arriba, y poner rumbo a las Islas Pitiusas (Ibiza y Formentera)...
Las previsiones no eran nada halagüeñas: lluvias y tormentas amenazaban con aguarnos el viaje, pero nada impidió que nos liáramos la manta a la cabeza y nos fuéramos a recorrer sobre nuestras gacelas con ruedas los caminos y veredas de las dos pequeñas islas mediterráneas. Dejamos a un lado los temores, nos llenamos de ilusión y conforme el camino se iba abriendo ante nosotros, allí nos adentrábamos.
Al llegar a Formentera a eso de las 21:00, la noche ya estaba cerrada. Con una mala fotocopia de un viejo mapa de carreteras del 2001 intuimos que para llegar a San Fransecs Xavier de Formentera sólo teníamos una posibilidad... seguir la ÚNICA carretera. A tientas nos fuimos embriagando del aire limpio y salado de la isla. Al llegar al pueblo principal de la isla, San Fransec, buscamos algún lugar donde tirar la tienda y pasar la noche. Encontramos una casa abandonada medio en ruinas a las afueras. La inspeccionamos, le dimos mil vueltas. De ella sólo nos convencía el techo, que en caso de lluvia nos protegería, pero por lo demás, estaba bastante sucia y llena de palomas asesinas, así es que decidimos plantar la tienda de campaña en el descampado que había detrás de la casa. Eso hicimos y pasamos una noche estupenda.
DÍA 5 de Abril de 2007 - jueves.
Comenzamos el día desayunando fuerte y empezamos a descubrir una isla que desde el primer momento se mostró confiada con quienes la pisábamos con cuidado, sin prisa. Esa confianza pronto se volvió recíproca y nos fuimos sintiendo como en casa.
Los caminos, delimitados todos por muros de piedras apiladas, parecen estar estancados en el tiempo. Detrás de cada curva aparece una casa de construcción baja, toda encalada de blanco con algún remate de color y muchas flores preciosas en el jardín. Algún hippie trasnochado descansa con una paz interior admirable, a la sombra del porche de su adorable morada. Imagen esta que despierta nuestra sana envidia al pasar junto a
él. Al final de la carretera que vamos siguiendo nos topamos con el mar... como no podía ser de otra manera (y es que todos sabemos que esto es una isla, ¿no? je!!). Una cala de arena blanca y agua cristalina nos da la bienvenida, cala Saona, y nos muestra un adelanto de lo que esconden los rincones de esta coqueta y maravillosa isla. Pronto llegamos al faro de Barbaria, enclavado en un lugar privilegiado. El acantilado parece querer desplomarse al mar de un momento a otro. Recorrimos la zona, paseamos, nos dejamos hipnotizar por la magnificencia del Mediterráneo y decidimos volver hacia la zona portuaria para recorrer la playa de las Illetes y dar la vuelta al gran Estanque Pudent... Los ojos se nos llenan de preciosas postales...
Terminamos el día alucinando con la isla. Cenamos Barracuda a la espalda en una agradable venta y tras saciar nuestra hambre, buscamos nuevamente donde pasar la noche. Dimos alguna que otra vuelta por los alrededores de San Fransec y finalmente volvimos a plantar la tienda junto a la casa abandonada. Llovió un poco durante la noche.
DÍA 6 de Abril de 2007 - viernes.
Regresamos a desayunar a la misma venta donde cenamos la noche anterior. El día apuntaba lluvia, pero pronto estábamos de camino hacia el Pilar de la Mola, el punto más alto de toda Formentera. Comenzó a llover, nos refugiamos en el porche de una casa que vimos cerrada y seguimos la subida. Las primeras rampas se hicieron duras pero con las ganas que había de llegar hasta la cima, en seguida habíamos culminado la Mola. Y es que el Pilar de la Mola es una gran meseta que se extiende ante los ojos de aquellos que osan subir a su cima. Un faro precioso lo preside todo. Millones de lagartijas nos acompañan durante el almuerzo. Nunca había visto tantísimas juntas.
A la vuelta de la Mola, decidimos pasar la noche en la casa en la que nos habíamos refugiado. Montamos nuestro chiringuito en el patio y nos preparamos una cenita a base de raviolis, cascaruja, almendras de Doña Lila, dátiles y ciruelas pasas. A eso de las 2:00 de la madrugada comenzó a llover. Tuvimos que levantar el campamento para refugiarnos en el porche. La noche transcurrió tranquila. Cari creo que no pegó mucho ojo, pero lo que es yo... uff!! Dormí en la gloria.
DÍA 7 de Abril de 2007 - sábado.
El sábado cogimos el barco hacia Ibiza. Nos despedimos de la isla que tan bien nos había acogido durante los días pasados y prometimos regresar... tal vez para algún día quedarnos. Bajamos del barco en Ibiza, paseamos por sus peculiares calles, disfrutamos del ambiente tan agradable de su puerto y emprendimos nuevamente camino hacia nuestro nuevo destino: Sta. Eulalia del Río. Cambiamos un poco el itinerario inicial para adentrarnos por carreteras comarcales. Subimos un primer puerto de montaña pasando por la localidad de Jesús y tras superar un desnivel considerable llegamos al objetivo fijado.
Continuamos hasta Cala Nova en busca de un camping donde poder pegarnos una ducha, que después de tres días sin sentir correr el agua por nuestra piel ya se empezaba a echar en falta. Sorprendentemente en el camping no había nadie pero la puerta estaba abierta y el agua caliente salía por las duchas. Plantamos la tienda, nos arrugamos un poquito bajo el agua y nos fuimos con las bicis descargadas de las alforjas a San Carlos, pueblo este donde se suponía solían hacer un mercadillo hippie muy curioso. Nosotros no vimos tal mercadillo pero en cambio disfrutamos de un agradable paseo y dimos buena cuenta de un gran chuletón de ternera. Regresamos al camping completamente de noche, sólo alumbrados por la luz de mi frontal. Pasamos la noche de maravilla.
DÍA 8 de Abril de 2007 - domingo.
A la mañana siguiente, recogimos la tienda y cuando nos vimos subidos en nuestras bicis y miramos a nuestro alrededor no encontramos a nadie a quien pagar la ducha que nos habíamos dado el día anterior, así es que nos marchamos del camping sin decir ni mu... Qué le vamos a hacer.
El día despuntó precioso. Un sol radiante se mezclaba con el fresquito matutino. Nos detuvimos en el paseo marítimo de Sta. Eulalia y desayunamos como unos marqueses. Qué maravilla, qué gozada. Esta vida merece la pena. Nos despedimos de Sta. Eulalia y tomamos rumbo a San Antoni, donde nos esperaba el ferry que nos tenía que devolver a Denia. La ruta la hicimos de muy bien. Con muchos kilómetros ya en el corazón, cada pedalada se disfrutaba más y más.
Comimos unos espaguetis en medio del paseo de San Antoni y a las 17:00 nos montamos en el buque Bahía de Málaga.
Llegamos a Denia a las 21:30 donde nos recibieron triunfalmente nuestro equipo de tierra: el gran Dani, Teresilla la pilla y el súper papi.
Ya de noche, llegamos a Murcia. Todo seguía donde siempre. Nada había cambiado en la calles de nuestra ciudad... tan sólo algo dentro de nosotros se había hecho un poco más grande: NUESTRAS GANAS DE VIVIR SOÑANDO CON NUEVAS AVENTURAS...
Un abrazo a todos, Fer.
P.D. Espero haberos transmitido, en parte, la maravilla de viajar así... saboreando cada instante.
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