Cuando todos duermen...
Hace horas que la oscuridad de la noche se puede acariciar con la yema de los dedos. La ciudad duerme narcotizada del silencio que reina en sus calles. Tan sólo la insolente luz amarilla de las enjutas farolas osa romper el mágico hechizo que las sombras extraviadas dejan a su paso sobre las aceras.




