Qué difícil es a veces el diálogo entre las personas, entre los amigos. Ayer, asistí a una riña, aparentemente sin importancia que se dío entre dos grandes amigos a raíz de un correo electrónico. Sus diferencias ideológicas y más que eso, sus personalidades encontradas, les hicieron enzarzarse en una disputa dialéctica que no les llevó, a ninguno de los dos, a ningún lado. Cuando dos personas se consideran amigas y entre ellos hay voluntad por superar sus diferencias, ningún tema por comflictivo que sea, puede separarles. El problema viene cuando el orgullo de uno, la falta de tacto del otro (o ambas de ambos) se interponen entre ellos. Si uno no es capaz de pisar el freno en el instante justo, con mucha probablidad acabará chocando con el coche de delante. Así no merece la pena hablar... para que dos personas puedan debatir sin faltarse al respeto, ni romper lazos más importantes, debe existir, por ambas partes, una actitud de entendimiento mutuo, ganas de aprender de lo que el otro puede aportarle y viceversa.
Espero que ambos aprendan de sus errores, que los tienen, y sepan perdonar y sobre todo pedir perdon. Solo hay que dejarse a un lado el orgullo y dar un paso al frente...
Un abrazo a los dos, Fer.