La palabra convence, el ejemplo arrastra
A menudo me ruborizo al pensar en la juventud que esta sociedad, y nosotros que vivimos en ella, estamos creando.
Me paro a pensar con demasiada frecuencia en los valores que cada día priman más en los más pequeños, en las conductas que demuestran frente a sus maestros y compañeros, a la falta de educación con la que se dirigen a las personas con las que conviven ya sean vecinos, primos, hermanos o simplemente amigos. Y en mitad de esas reflexiones me choco frontalmente con espectáculos tan tristes y vergonzosos como el protagonizado por nuestros políticos en el Congreso de los Diputados el pasado jueves 11 de mayo, cuando Marín, el presidente de la Cámara, tuvo que , diputado del PP, por su falta de respeto y de saber estar hacia el resto de los grupos parlamentarios. ¿Es normal que los que se supone tienen que dar ejemplo, se comporten con tan bajo sentido de la educación? - me pregunto yo. Después queremos que nuestros hijos respeten a sus mayores y que sean personas solidarias, responsables y decentes, y no nos damos cuenta de que los niños son meras fotocopiadoras de los actos y conductas de los adultos, son esponjas que hacen suyo todo lo que ven por la tele y lo que aprenden en casa. Si yo fuera el hijo de Martínez Pujalte pondría muy en entredicho cualquier tipo de enseñanza de buen comportamiento que mi padre me hubiera tratado de inculcar... Se predica con el ejemplo, señorías.
Deberíamos reflexionar... Quizás todos tenemos algo de culpa, pero bajo mi humilde punto de vista creo que nuestros políticos deberían ser patrones de comportamiento por encima de cualquier otra cosa, o por lo menos, intentar serlo, que para eso les pagamos.
Un saludo a todos, Fer.
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