El paraíso desde los 3000 metros...
La luna aun reina en el cielo más inmenso. La noche era tan fría que no podía más que encogerme dentro del saco y dejarme llevar por el cansancio acumulado. Todavía los sueños de aquella noche correteaban alrededor de la zona de acampada saltando y brincando de un lado a otro... Sólo el viento que agitaba la lona y el rumor sereno del agua del río, acunaban mis pensamientos bajo la hermosa bóveda de cristal celeste. Mis ojos se entreabrieron buscando la cremallera de la tienda. Al fin pude asomar las orejillas al mundo. La imagen más increíble se extendía ante mis ojos... las poderosas montañas me volvían a dar los buenos días. El alma se me empezaba a agrandar por momentos. La primera bocanada de aire que inspiré, el tacto gélido y seco del aire que pude acariciar entre mis dedos me hizo sentir tan lleno, tan grande y tan pequeño a la vez que se me escapó una sonrisa furtiva entre los párpados... Empecé a preparar la mochila, me puse las botas y volví a salir allá a fuera a mezclarme con ese paraíso de grandes montañas que siempre han guiado mis pasos.
Comienza la jornada. Empezamos a caminar con paso quedo, en silencio, sin casi hacer ruido. A esas horas en las que el sol todavía no ha hecho acto de presencia todo se percibe de una manera tan especial que sólo quieres detener el tiempo. Pasas a formar parte de todo lo que te rodea. La imagen que impregna tu retina deja de ser una bonita foto de postal, para ser tu propia realidad. La pendiente se hace más y más pronunciada, el ritmo prosigue constante, sin prisa pero sin pausa. El verde intenso de los valles que van quedando atrás nos hace ser conscientes de la capacidad y el poder de nuestros pasos. Hechizados por el agua, por las flores de mil colores y las impresionantes formas de las rocas que se erigen ante nosotros emprendemos el ataque final a la cumbre. La cresta se alza imponente, se hace muy aérea. El vacío se abre a un lado y a otro de las rocas que reinan allá arriba. Con todos los sentidos puestos en cada paso, en cada agarre, el gran desnivel nos provoca una descarga de adrenalina que hace que nos sintamos más vivos que nunca. Un paso más y llegamos a la cima del mundo. Todo lo tenemos frente a nosotros. Nada se nos escapa. Giramos sobre nuestros pasos para contemplar la grandeza de este mundo. Nadie dice nada, cada uno dialoga consigo mismo y con el aire que respira.
A 3000 metros el cielo es tuyo!!
Componentes del grupo:
- Pura
- Pedro Parra
- Fer (el que escribe)
Cumbres culminadas:
- Tuca de Culebras (3062 m.)
- Tuca de Vallibierna (3067 m.)
- Aneto (3404 m.)
- Aguja Daviu (3350 m.)
- Aguja Escudier (3315 m.)
- Espalda del Aneto (3350 m.)





