Recordando viejos tiempos...
Anoche, una sensación extraña me recorrió todo el cuerpo...
Era tarde, quizás más de lo que me hubiera gustado. Todos en casa dormían y no quería depertar a nadie. Con sumo cuidado, empecé a sacar de mi viejo cubilete de hojalata todo el material de escalada que en tantas ocasiones me ha acompañado a las montañas. Hacía mucho tiempo que lo tenía ahí, aguardando con fidelidad increbantable el momento preciso de que lo volviera a llevar a respirar aire limpio y fresco. La cuerda, los arneses, los pies de gato, los cascos, las cintas exprés... Hubo un momento en que tenía todo desparramado por el suelo con el fin de que no faltara nada. Al sacar los mosquetones, rechinaron los unos con los otros y el sonido que provocaron, me trasladó a otro tiempo, quizás a otra época de mi vida. Qué agradable sensación, qué recuerdos tan emotivos para mi. Me acosté y dormí de un tirón hasta que sonó el despertador; no recuredo lo que soñé, pero los sueños de añoche seguro que transcurrieron entre grandes montañas.
Habíamos quedado a las 9:00 en Diez de Revenga, donde siempre. Al final, en vez de 4, íbamos a ser 7, tanto mejor... Entre pitos, flautas y Marías, emprendimos camino hacía la Panocha a las 9:50 más o menos (si es que no se puede salir hasta la mil cuando al día siguiente hay excursioncilla, que no aprendemos...). El día apuntaba nublado, y amenazaba lluvia, pero esta vez, eso no nos iba a echar para atrás en nuestro empeño por despejar las neuronas, o en el caso de algunos, la neurona (eso va por mí, que conste y que nadie se de por alulido, que por menos se lian a tortas Oriente con Occidente, je!). Bueno, subimos a la zona de escalada, y mientras lo hacíamos, el alma empezaba a ensancharse con unas vistas espectaculares. El aire, el ambiente y la atmósfera estaban más transparentes que de costumbre, como un cristal recién limpio. Se veía con total nitidez Sierra Espuña y a lo lejos, en el horizonte sur, el Mar Menor y sus islas. Realmente precioso. Parece que empiezan a irse las nubes, unas vienen, otras se van y entre tanto, nosotros: Las tres Marías, Los dos Fernandos, Inés e Iván, empezamos la aventura. Abrimos la primera vía y unos tras otros, vamos haciendo una de las tantas que hay en el sector del Paisaje Lunar. Las sensaciones son muy buenas. Hay muchas ganas de trepar y eso, hace subir sin problemas hasta a los más novatos. Genial. El tiempo empieza a mejorar aunque hace algo de viento. Con una sola cuerda y tres arneses para 7 vamos un poco justos, así que decidimos montar un rápel para que todos lo prueben y puedan hacer la San Bernardo en un abrir y cerrar de ojos. Unas risas, algo de respeto al principio, pero el equipo responde y todos se tiran confiando en quien les empuja a que lo hagan, si ellos supieran... je, je, je!!
Y llega el momento clave, la mítica San Bernardo se alza ante nosotros. La subida, muy sencillica, se abre muy bien. Desde arriba, el que escribe estas lineas, asegura a los demás. Con el lío de los arneses y ochos, para arriba y para abajo, algunas y algunos, deciden tomarse las cosas con tranquilidad, y aprovechan el solecito rico que calienta en la cumbre de la Panocha para dorar un poquito la piel y ponerse guapos. El mejor solarium de toda Murcia está allí arriba, os lo garantizo. Hechas las fotos de rigor de la cumbre y ya, un poco retrasados por la escasa cantidad de material de que disponemos, bajamos del "SPA natural" que es la Panocha y tras deliberar un poco sobre qué hacer, tomamos la decisión de porbar suerte en el mesón del alto del Garruchal. Por la hora que es, a lo mejor no nos dan de comer... ¿Qué no? Migas, arroz, tomatico partido, patatas asadas, postres, cafés y tés... 23 € ¿Alguien se lo cree? Pues nosotros sí, porque nos hemos quedado con la boca abierta.
Ha salido un día redondo. De los que no se olvidan. Por supuesto, no ha faltado el recuerdo de los que faltaban, y hemos prometido regresar con ellos muuuuy prontito. Si es que, a quién se le ocurre trabajar en domingo o tener la rodilla chula con el tiempo tan fantástico que hace en Murcia. En fin, un beso a todo el equipo, y nos vemos prontito surcando cumbres imposibles, ¿de acuerdo? Las Murallas de King Kong nos esperan...
Ha sido un placer compartir con todos esta aventurilla.
Con mucho cariño, como siempre, Fer.
P.D. en la siguiente dirección os podéis bajar todos las fotos de esta excursión: http://www.flickr.com/photos/montanyas/sets/72057594068053901/show/







