El sueño de viajar...
Pasan los días y todavía siento en el estómago esa maravillosa sensación de libertad que te da el saberte dueño de tus pasos. No pensar más allá del instante en el que te encuentras, dejarse llevar por la intuición, por las fuerzas del azar, por la fantástica y siempre cegadora casualidad, por las sorpresas que esconden las esquinas y recodos del propio viaje, de la siempre vertiginosa vida... Escoger entre esta o aquella salida, detenerse o continuar, sonreír o llorar, pasear o volar. Todo es posible si te dejas llevar por las cosas que el mundo pone ante ti...
Un cambio de planes de última hora nos condujo a recorrer más de 4.600 km en dirección a un país lleno de magia, misterio y encanto. Para ello, atravesamos media España. Cadaqués se quedó con el brillo de nuestros ojos flotando sobre las aguas que bañan su puerto de juguete. El sur de Francia lo devoramos casi sin darnos cuenta ahogándonos en el gran Ródano a su paso por Arles; y las montañas de los Alpes nos llenaron de fuerza y energía hasta llegar a la Grandísima y Bella Italia. Turín nos regaló su majestuosidad, sus rincones, la rivera del Po, sus puentes, sus campings encantados... El Norte de Milán y el Lago Di Como, consiguió hacernos soñar que podíamos vivir, aunque solo fuera por unas horas en mansiones de novela, con paisajes de cuento,... paseos en bici que endulzaron el momento, parques donde dejarse caer para contemplar el cielo que cubre nuestras cabezas... Bérgamo, fue de esas sorpresas inesperadas que hacen que todo viaje de aventuras como éste cobre pleno sentido. Verona nos alucinó con su camping de locura y las vistas que desde él teníamos de la ciudad; pero Venecia y Pádova nos transportaron a otra época, a otro punto en la Historia. La bruma con que la romántica ciudad de los canales nos recibió nos dejó una instantánea preciosa de un milagro de la humanidad. El tono turquesa del Mar Adriático nos hizo enloquecer robando calabacines de 3 kg y perdiéndonos en su misterio casi sin querer... Bolonia, se despidió de nosotros con un delicioso beso sabor chocolate que aun rezuma exquisito en mi paladar cuando miro hacia atrás.
Viajar, no es recorrer kilómetros en busca de cosas desconocidas, es aprender a vivir, a ser humilde ante las cosas que te rodean. Es descubrir tus propios defectos, y sobre todo, conseguir que la vida se convierta en un sueño hecho realidad.
Besos para todos, Fer.





