¿Todo vale por la Libertad de Expresión?
En los últimos días, se ha desatado una nueva polémica entre oriente y occidente. A raíz de la publicación de unas viñetas cómicas en las que se caricaturizaba la imagen de Mahoma al representarlo con una bomba en el turbante y comparar de esta forma, al mundo islámico en su conjunto, con el terrorismo, se ha creado una crisis diplomática entre Dinamarca e Indonesia de relativa embergadura con algunas revueltas en Yakarta, la capital de Indonesia, ante la embajada danesa en aquel país.
En apariencia, algo prácticamente intrascendente y sin mayor importancia a simple vista, ha abierto un nuevo debate acerca de la libertad de expresión y el respeto por los demás. Desde occidente uno de los principios sobre el que se sustenta la democracia, es la libertad de expresión; término, detrás del cuál nos refugiamos para expresar cuanto deseamos transmitir y sin el que sería imposible imaginarse el nivel de libertades del que goza Europa, y en general, el mundo occidental. Parece increíble que una sencilla viñeta cómica pueda desatar una reacción tan llena de odio y con tanta repercusión social y mediática, pero es que tal vez, y aquí vuelvo sobre el comentario que hice en el blog sobre la democracia deliberativa de Diego Gracia, habría que pararse a pensar en lo que está pasando en el mundo: Cada vez, el pensamiento se homogeniza y se hace más único. La globalización nos afecta a todos. Hablamos sin saber creyendo conocer y eso nos lleva en muchos casos al error. Prejuiciamos a los demás por los estereotipos que se nos presentan en el cine, en las revistas, en la televisión. En Occidente, como llamamos a todo lo que tiene que ver con la cultura Europeo-Americana, tan solo se oye lo que conviene que se escuche y a través de los medios de comunicación de masas se labra un pensamiento poco crítico y muy dirigido. Cada uno es libre de buscar la información donde crea que es más veraz, de contrastar los hechos, pero al final, es muy difícil no dejarse llevar por la fuerza arrasadora de los medios dominantes. Y lo mismo pasa en Oriente, está claro. Este hecho, crea personas y colectivos que sin conocer más que lo que les llega a sus oidos y sin apenas espíritu crítico, se llenan de razones para tratar de imponer algo sobre lo que son completos ignorantes.
Tengo claro que la publicación de una tira de humor en un periódico, no puede justificar las amenazas que se han lanzado contra Dinamarca, pero también es cierto que a veces se cae en la falta de respeto por el sencillo hecho de no ponerse en el otro lado. Tal vez, eso de lo que te mofas, para tí no tenga importancia, pero, te has parado a pensar de si la tiene para mí?... Que me digan que en nombre la libertad de expresión todo vale, no me parece correcto. Para dialogar, para entenderse, y en definitiva, para convivir en paz, hacen falta unas normas básicas de educación y sobre todo, de respeto mutuo. Decían por ahí, aquello de que la libertad de uno comienza donde termina la de los demás. Con esa frase se puede resumir a lo que me quiero referir, que para mí, no todo vale. Se puede expresar cuanto se piensa pero siempre respetando al que se tiene enfrente. Para algunos, parecerá una contradicción esto que digo, pero creo que no lo es en absoluto. Se puede y se debe poder opinar, pero sin ofender. Hoy, he oido en la radio una frase que me ha gustado: "No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo" (Voltaire). Gran frase donde las halla.
Y es que fijaros, hace poco, a raíz del comentario sobre la democracia deliberativa, recibí una respuesta de un gran amigo, con el que discrepo bastante en temas políticos, en la que me decía que si era capaz de poner en la misma balanza el cristianismo y el islám. Además, me lo decía asombrado y pidiéndome que lo pensara bien antes de responder. Pues, sin necesidad de pensarlo demasiado, le tengo que decir que no me hace falta poner a esas dos religiones en ninguna balanza. Creo que cualquier teoría política, religiosa o del crácter que sea, llevada al extremo siempre puede llegar a ser peligrosa. Tenemos miedo a lo desconocido y todo el rechazo, el racismo, la xenofobía que existe en el mundo es por temor a lo que no conocemos. El cristianismo fue treméndamente despiadado en otros tiempos y el islam puede serlo también en determiandos momentos, pero ni en una ni en otra forma de pensar puedo englobar a todos los cristianos ni a todo el mundo árabe. Al final, todos son personas, que es lo que realmente importa.
En una conferencia que dió Javier Nart en Murcia hace algunos años, comentó algo que me hizo reflexionar acerca de la condición humana. Hablaba de su experiencia como reportero de guerra y como los conflictos armados consiguen sacar lo peor que el ser humano lleva dentro. Reflexionaba sobre el extremo de que cuando uno se ve envuelto en una guerra y se encuentra con un arma en la mano apuntando a un supuesto enemigo, en ese instante, nunca sabe exactamente la razón por la que quiere acabar con la vida de esa persona. A lo mejor si no estuvieran en guerra y se encontraran en un parque, junto a un banco, se pondrían a hablar y llegarían a entenderse. El estado de choque y de ofuscamiento en el que se sume el ser humano cuando va a una guerra hace de estas un acto completamente irracional.
Solo quería pensar en voz alta sobre un tema que me inquieta y preocupa porque no entiendo porqué nos empeñamos en liquidarnos los unos a los otros, teniendo tantas cosas hermosas que compartir.
Un abrazo a todos, Fer.
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